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15 de octubre de 2012

Se alquila


Uno de las primeros quebraderos de cabeza al llegar a una ciudad nueva es la búsqueda de un piso. Esta no suele ser una tarea agradable en ningún lugar del mundo, y Pekín no es una excepción. Sin embargo, nosotros tuvimos relativa buena suerte, solo tardamos cuatro días.

Las dos maneras más usadas para buscar piso en Pekín son las numerosas agencias que te encuentras en la ciudad y el periódico www.thebeijinger.com. En nuestro caso, lo conseguimos a través de un anuncio en esta página.

Uno de los requisitos a la hora de elegir un piso aquí es que haya alguien, en la agencia o el propio casero, que hable inglés (no hace falta pedirle un nivel Advanced de Cambridge, basta con que se haga entender).  Nuestra “agente” cumple su función bastante bien, pues nos ha solucionado todo lo que ha podido con su inglés rudimentario.

Por cierto que nuestra primera gran anécdota en Pekín la tuvo a ella como protagonista: el segundo día que fuimos a buscar piso nos tuvo corriendo detrás de su moto para ir de un apartamento a otro por toda la ciudad. Parecía que quisiera dejarnos atrás más que alquilarnos un piso.

Respecto al precio, la principal variable que lo rige en Pekín (como en muchas grandes ciudades) es la zona. Si vives en el área de 三里屯 (Sanlitun), conocida por ser el núcleo internacional de Pekín, la relación calidad-precio es bastante mala por lo general. Según vayas saliendo de esta zona, los precios se vuelven mucho más asequibles y consigues buenos apartamentos por mucho menos precio. ¿El incoveniente? No tienes la oferta internacional de restaurantes, supermercados, tiendas y bares que tienes en Sanlitun.

Total, que nos hemos salido un poco de esa zona, hacia otra que también nos queda bien para ir a trabajar, en un piso que está bastante bien para lo que habíamos visto y ahorrando un poco cada mes. 

11 de octubre de 2012

Primeras impresiones


Hoy hace ya una semana que llegué a 北京(Pekín). Podría hablar de mil cosas que me han llamado la atención o merece la pena contar, pero trataré de abarcarlas una a una durante todo el año. Así que contaré simplemente algunas impresiones de estos siete días en la ciudad.

Una de las principales barreras para empezar a vivir en Pekín es el idioma. No porque el chino sea complicado, que también, sino porque muy poca gente habla inglés. Probablemente, los que mejor hablan inglés son los vendedores de los mercadillos, que es donde más turista hay. Ni los taxistas, ni el personal del metro, ni muchas agencias inmobiliarias entienden lo más mínimo. Bien mirado, esto puede ser más una oportunidad que una barrera, todo depende de cómo se lo plantee cada uno.

Para que se hagan una idea, esto es lo que nos encontramos en el primer restaurante/sitio de comer al que fuimos el día de nuestra llegada.



Pekín es una ciudad enorme, con 20 millones de habitantes y unas infraestructuras imponentes. El tráfico es un auténtico caos, apenas se respetan algunos semáforos de grandes cruces y los coches conviven con infinidad de bicicletas (eléctricas y de las de toda la vida). De todas formas, parece un caos organizado, pues apenas hemos visto ningún problema en una semana. Eso sí, el sonido del claxon es una constante las 24 horas del día. Por otro lado, las distancias son enormes y, lo que en el mapa parece que está al lado de tu casa, puede llevarte 40 minutos de paseo.

En la siguiente foto se ve una de las carreteras importantes de Pekín a una hora no punta.



Otro tema del que intentaré hablar más adelante es la contaminación. Espero informarme del fenómeno por el que un día (el lunes 8, por ejemplo) nos vemos envueltos en una nube de humo y contaminación que casi no deja respirar y, al día siguiente (el martes 9) amanece un cielo de lo más despejado. Aquí les dejo una foto de hoy, que hemos tenido un día relativamente despejado en ese aspecto (me costó lo suyo hacer una foto en la que no apareciera un coche).



Y poco más, por hoy, espero tener tiempo en breve para ir visitando también los puntos de interés turísticos de la ciudad y experimentar un poco más la vida diaria de la ciudad, que otra cosa no, pero intensa es y mucho.