2 de enero de 2013

Un paseo por Singapur y Kuala Lumpur


Primer viaje al siempre deseado sudeste asiático. Diez días bastante intensos en los que el ansia de ver cosas hizo que volviéramos mucho más cansados de lo que fuimos. Valoración general muy buena, aunque como siempre hay cosas que podrían haber salido mejor. Esta entrada la dedicaré a las dos primeras paradas, Singapur y Kuala Lumpur, que si cuento todo en una me dejaría demasiadas cosas por detrás.



SINGAPUR

La primera parada la hicimos en uno de las ciudades que más ganas tenía de visitar (aunque iba prevenido de que no había mucho que ver). De hecho, este blog podía haberse llamado “Escala Singapur” si no fuera por vete tú a saber qué o quién.

La impresión nada más llegar fue muy buena, aunque fuera tan solo por haber pasado de -12º a estar a 33º en solo 6 horas. Eso sí, la humedad ambiente no era tan agradable. No necesitas mucho tiempo para darte cuenta de por qué se dice que Singapur es uno de los países con mayor calidad de vida: infraestructuras impecables, calles limpias como no veré nunca más, poca contaminación, tráfico inexistente, y así un largo listado. Eso sí, algunas cosas se consiguen a base de prohibiciones como la de nos poder masticar chicle que parecen bastante ridículas.



Guiados por nuestra amiga la Lonely Planet, lo primero que fuimos a ver fue una reserva natural y el Jardín Botánico. En este segundo sitio donde nos cayó la primera mojada del viaje y donde descubrimos que en esta zona del mundo están ahora mismo en la temporada de lluvias y no pasa día que no llueva al menos una hora.



Ya por la noche tocó ir a ver el skyline de Singapur, no tan emblemático ni conocido como el de otras ciudades pero igualmente impresionante. A un lado, los típicos rascacielos imponentes y, al otro, el complejo Marina Bay Sands y el Teatro-Ópera de Singapur.



El complejo Marina Bay Sands (foto de abajo) son tres edificios que se conectan en la cima a través de una plataforma en la que hay un mirador con un restaurante, una piscina (el sitio perfecto si quieres darte el baño más caro del mundo porque vale 60 euros el chapuzón) y una discoteca.



Al día siguiente empezamos la ruta en Little India, el barrio indio de Singapur y para seguir con el plan cultural nos pasamos luego a ver Chinatown (grave error, sobre todo viniendo de China, pues no había nada interesante por allí que ver salvo la lluvia que volvió puntualmente durante 45 minutos).

Como efectivamente ya no quedaba mucho más por ver de Singapur (el zoo es muy famoso pero no nos motivaba la idea), volvimos a dar una vuelta por la zona del skyline y alrededores, descubriendo vistas bastante impactantes como las de los cientos de barcos anclados por fuera del puerto.



También mereció la pena la entrada a uno de los múltiples centros comerciales que tiene Singapur, todos ellos compitiendo por ser el más lujoso. Ese fue uno de los momentos en los que te das cuenta de que la calidad de vida es muy alta en Singapur, pero no es una ciudad apta para cualquier bolsillo. 

KUALA LUMPUR

A diferencia de Singapur, llegué a Kuala Lumpur sin una opinión formada y con gran desconocimiento de la ciudad. De hecho me impactó muchísimo el conocer que la ciudad no llega a los 2 millones de habitantes, pues pensaba que era mucho más.

Así que al igual que en Singapur tiramos de la Lonely Planet para organizar nuestra ruta, aunque nuestra primera parada estaba más que decidida: las torres Petronas.

La primera impresión de la ciudad no fue muy positiva. Probablemente sea por el hecho de llegar de Singapur y llegar a una ciudad algo caótica y sucia, pero después de un rato fue mejorando bastante. La zona de alrededor de las Petronas está muy bien para ir a ver y allí gastamos gran parte de la tarde. Las Petronas fueron hasta 2004 los edificios más altos del mundo y ahora ocupan el quinto puesto (ver el ranking en el post dedicado a Hong Kong).



Luego nos fuimos al Menara Tower, una torre que tiene en lo alto un mirador de 360º desde donde se puede ver toda la ciudad. 



Al día siguiente nos fuimos a las Batu Caves, unas cuevas naturales convertidas en templo hindú. Para llegar a ellas tienes que subir unos 300 escalones, que se te hacen bastante más “llevaderos” cuando tienes a decenas de monos al lado tuyo mirándote inquisitivamente. Las cuevas eran gran cosa pero es un lugar bastante turístico de Kuala que había que ver, y los monos hay que reconocer que daban mucho juego.





Ya por la tarde nos fuimos a un parque algo alejado del centro desde donde se ven los edificios más altos de Kuala y resultó ser una de las sorpresas más positivas de la ciudad (por un momento estuvo bien no fiarse de la guía, que ni lo mencionaba).



Cuando acabamos, no contentos con el error de Singapur, nos fuimos a ver el Chinatown de Kuala, solo que esta vez fue un acierto. De hecho, si no fuera porque no teníamos espacio en la maleta nos hubiéramos llevado medio mercadillo, que tenía mucha más variedad y mejores precios que los mercados que conocemos de Pekín.

Y así acabaron nuestros primeros cuatro días de vacaciones. Aprovecho para dar las gracias a los ICEX de Singapur y KL por el alojamiento y las recomendaciones sobre qué ver y hacer (aunque como suele pasar en estos casos al final las recomendaciones las acaba dando el que va de visita). 

PD: ¡feliz 2013 a todos!

18 de diciembre de 2012

Misión ¿imposible?: coger un taxi en Pekín


El último post de 2012 quería dedicarlo a esas personas que un día te salvan la vida y, al siguiente, te dejan tirado en medio de la nada sin saber qué hacer. Son, efectivamente, los taxistas de Pekín, con los que todo el mundo guarda una especie de relación amor-odio.

Muchas guías dicen que la mejor forma de moverse por Pekín son los taxis. Puede que sea verdad. Pekín tiene un parque de casi 70.000 taxis: bastante grande si lo comparamos con el de España (70.600 en 2010 según el INE, pero con una población que es más del doble). Además, es muy barato si lo comparamos con otras ciudades (la bajada de bandera está en 10 yuanes, 1,2 euros). Por hacer una comparación más con España: me cuesta menos ir a trabajar aquí en taxi que en metro en Madrid…



Sin embargo, no todo es tan bonito como parece ni como lo pintan las guías. Hay un par problemas básicos.

El primero de ellos es lo difícil/imposible que es coger un taxi en hora punta, esto es, por la mañana y de 5 a 7 de la tarde. Por tanto, si no puedes coger un taxi para ir a trabajar ni para volver a casa, tan cómodo no es, ¿no? Otro momento en el que no hay ni un taxi disponible (¡ni uno!) es cuando llueve. Si tienes un metro cerca el mal es menor, pero si estás en medio de la nada o tienes que ir al aeropuerto y no hay alternativas, ya no pinta tan bien (menos mal que llueve bastante poco en Pekín…).

El segundo gran problema es que si consigues coger un taxi en alguno de estos dos momentos, además de ser un afortunado, deberás ser un afortunado con paciencia, porque el tráfico en el centro de la ciudad es bastante desesperante. A modo de ejemplo, estoy convencido de que tardo menos en bicicleta, a la vuelta del trabajo, que en taxi a esas horas.

Aunque la foto no es mía, no es una imagen que te deba sorprender si llevas un par de meses en Pekín

Por último, está el inconveniente de ser un “laowai” (guiri en chino). Es normal que muchos taxis no te paren porque al verte cara de occidental piensan que no te van a entender (probablemente estén en lo cierto, dicho sea de paso) y pasan de largo.

A pesar de todo lo dicho anteriormente, creo que Pekín es una de las grandes ciudades donde más factible es coger un taxi.

Y ahora algunas pautas/curiosidades que les pueden ser de ayuda si alguna vez tienen que coger un taxi en Beijing.

  • El punto número uno evidentemente es que los taxistas no hablan inglés, más allá de un esporádico “hello!”

  • Por lo general, los taxistas suelen ser honestos y no tratan de darte una vuelta turística en vez de llevarte directo a tu destino.

  • Es importante no olvidar llevar la dirección escrita en caracteres chinos, o bien el lugar a donde quieres llegar señalado claramente en un mapa.  Aun así puede que el taxista no sepa llegar y te diga que no quiere hacer la carrera.

  • No cojas taxis ilegales, pues el sobreprecio puede ser hasta 6 veces mayor. Diferenciarlos no es muy complicado, pues los taxis legales llevan arriba la típica luz encendida o apagada, según estén libres o no. Sospecha también si hablan inglés (un verdadero taxista pekinés no lo haría). Sirva como referencia que el sitio preferido de estos taxis son el aeropuerto, la estación de tren y los lugares frecuentados por turistas. 

  • También es importante saber que a partir del tercer kilómetro, el Gobierno te obliga a pagar 2 yuanes más (25 céntimos de euro) para compensar la subida de los precios de la gasolina. No es que sea mucho, pero los primeros días que no lo sabíamos nos sentimos bastante estafados cuando nos daban el cambio.

  • Por último, una de las grandes incógnitas de los taxistas en Pekín es porque no te aceptan llevar si el lugar al que quieres ir está justo en la dirección contraria a la que está enfocado el taxi (en una avenida, por ejemplo, tú quieres ir hacia el norte y el taxi está en el carril enfocado al sur). En España el taxista estaría hasta contento por hacer una carrera más larga de la necesaria; en Pekín sin embargo no te dejan subir. Ver para creer.









11 de diciembre de 2012

Cambio de nombre


La cultura china le da mucha importancia a la elección de nombres, tanto de personas como de empresas como de cualquier otra cosa. En teoría, una buena elección puede suponer, o ayuda al menos, a que la suerte acompañe al niño que nace o la empresa que se crea.

Cuando vienes a China, es muy normal que te pidan al poco tiempo un nombre chino. No solo es signo de querer integrarse un poco en su cultura, sino que además les facilita mucho a la hora de querer llamarnos. Imagínense a un chino llamando por Rodrigo…De hecho no hace falta que llegues a China para que te lo pidan, cuando haces el visado ya hay un apartado que pone “Nombre en chino (si lo hubiera)”. 

La adopción de nuestro nombre chino fue bastante sencilla, pues los profesores de la escuela de chino se ofrecieron a buscarnos un nombre. Además, según nos dijeron, uno de los profesores era experto en eso.

La principal variable que se tiene en cuenta para ponerte un nombre chino es que, fonéticamente, se parezca a tu nombre de origen. Así, si quieres hacerlo por tu cuenta, la página web http://www.chino-china.com/nombres tiene un listado largo de nombres españoles con su traducción “más estándar” al chino. Por supuesto, no tienes por qué ponerte como nombre chino la traducción estándar, sino que puedes cambiar algún caracter o ponerte un nombre que no tiene nada que ver con el tuyo de origen. Va al gusto.

En nuestro caso, el profesor no buscó la traducción más estándar de nuestros nombres (con el mío hubiera sido una tarea difícil pues no creo que haya muchos precedentes), sino que intentó encontrarnos alguno que tuviera algún tipo de significado y que además fonéticamente no fueran muy distintos.

Así que ahora me llamo 应达福 que en pinyin (algo así como la transcripción fónetica del chino) es Ying da fu. O lo que es lo mismo, mi nombre suena más o menos como “Intafu”. El primer carácter “Ying” sería mi apellido y “Da fu” sería mi nombre, que significa “llegar a la buena suerte”. Me dio opción a cambiarlo si no me gustaba, pero aunque nunca he creído demasiado en la buena/mala suerte, al final me lo quedé y a la gente parece que no le disgusta.

Algo parecido ocurre a la inversa con los chinos y chinas que trabajan en el ámbito internacional y se ponen, o les obligan, a ponerse un nombre occidental. En este caso la principal causa es por comodidad y facilitar las relaciones. A una de nuestras profesoras he intentado llamarla alguna vez por su nombre chino y jamás me ha entendido así que más fácil con su nombre inglés (Heidi…). En este caso no suelen buscar un nombre que se parezca al suyo en chino, sino alguno que les suene bien, que sea de algún famoso quizás o que signifique algo bonito. Supongo que de ahí que ya nos hayamos encontrados con unas cuantas “Lindas” en estos dos meses.

Es muy curioso lo de tener dos nombres cuando te presentas a un chino, pues no estás seguro de cuál decirle. Además que todavía no sé pronunciar perfectamente el mío y si en vez de "Da fu" con un tono, lo digo con otro que no es, ya significa algo así como "el suertudo". Menos mal que se inventaron las tarjetas de presentación. En China están a la orden del día (no solo en el ámbito empresarial) y resuelven bastante la papeleta, pues una de las caras está en chino con tu nombre en chino y la otra cara está en inglés y tu nombre original.

Para acabar, aprovecho el post para comentarles el caso de las marcas occidentales presenten en China y que deciden adoptar un nombre chino. La verdad que hay algunas que han aprovechado la oportunidad y se han puesto un nombre que les ayuda bastante, en lo que a marketing se refiere. A mí el caso que más me gusta es el de Cola-Cao, pues creo que difícilmente podría haber encontrado un nombre mejor que el que tiene: 高樂高.
En español “Gao Le Gao” significa “alto, alegre, alto”, muy acorde con lo que trata de vender Cola-Cao. Aquí una foto de nuestras provisiones en Pekín.




Otro ejemplo típico es el de Coca-Cola, en chino traducido como “Ke Kou Ke Le” y que significaría  “permitir a tu boca alegrarnos” o algo por el estilo.

Otras marcas, en cambio, han buscado una traducción más o menos fónetica de su nombre, como es el caso de McDonald’s, en chino 麦当劳, “Mai Dang Lao”, que aparentemente no significa nada.

Poco más al respecto que contar, aunque para acabar me gustaría comentarles que la escasez de fotos de los últimos post se debe a los -5º de Pekín, que hace que uno se piense más de una vez sacar la mano del bolsillo y de los guantes para sacar la cámara, aparte de que ir de visita turística no es recomendable estos días. 

30 de noviembre de 2012

Curiosidades de un piso chino


Antes de venir a China me preguntaba constantemente cómo serían las casas aquí. ¿Habrá muchas  diferencias? Estaban las típicas preocupaciones como saber qué habrá en una cocina china, cómo será el baño, o el largo de la cama por mencionar algo más específico.

La conclusión a la que he llegado es que viendo lo diferente que son las cosas aquí y los choques culturales que te puedes encontrar, las casas son bastante parecidas a una casa estándar en España. Eso no quiere decir que no te lleves sorpresas, ni mucho menos.

Una de las primeras cosas que debes conocer al irte a vivir a una casa china es cómo funciona el tema de gastos (gas, agua, electricidad, etc.). El sistema es bastante curioso, se trata de unas tarjetas que tiene cada casa y que tienes que llevar al banco a recargar cuando se te acaba el gas, electricidad o lo que sea. En teoría, ya que todavía estamos en proceso de conocer el funcionamiento al 100%, te avisan de que se está agotando el saldo y así sabes cuándo debes ir al banco.

De momento solo sabemos cómo te avisan de que te estás quedando sin electricidad y es que el otro día nos quedamos sin luz. Al parecer, hay (por fuera de la casa, en medio del pasillo común) un interruptor general de la casa que se baja para avisarte de que estás quedando sin electricidad, con lo que tú tienes que subirlo y tan pronto como puedas ir a cargar la tarjeta. Pues bien, en la transmisión de información con el casero algo falló, pues no lo sabíamos y nos pasamos casi 24 horas sin luz hasta que conseguimos averiguarlo.

Con la luz y el gas todavía no sabemos qué va a pasar (aun queda saldo por lo visto), pero me temo que en breve podré contarles algo más.

Respecto a mis preocupaciones anteriores, la verdad que todo han sido cosas positivas dentro de lo que cabe. La cocina china es una cocina normal española de toda la vida, con una sola (pero importante) diferencia: no hay horno. La verdad que en cualquier parte del mundo sería un gran contratiempo, pero a decir verdad, aquí, como no hay pizzas o lasaña que poder meter al horno, el mal es menor. Respecto a la habitación y el largo de la cama, ningún problema, salvo que midas más de 1,90.

El baño sí es una de las cosas que da más que hablar, aunque por suerte no es debido al váter (en muchos sitios de China es un simple agujerito en el suelo, pero en las casas suele haber uno normal). El problema viene en la ducha y la distribución del baño. Partimos de la base de que bañera no existe, lo cual era de esperar, pero también era de esperar que existiesen los platos de ducha. Y no. El típico baño chino consiste en metro y medio cuadrado en el que tienes la alcachofa de la ducha, el váter y el lavabo. Esto implica que puedes, al mismo tiempo, estar sentado en la taza, lavarte las manos en el lavabo y ducharte. El mío sería así si no fuera porque sacaron el lavabo fuera a otro cuartito (gran idea para por las mañanas, por cierto).

Otra cosa muy curiosa, y que se mantiene desde los años 60, es el suministro de calefacción en China. Todos los años, el día 15 de noviembre, el Gobierno “enchufa” la calefacción en todas las casas de China (no sé si habrá alguna ciudad en la que sea diferente) y la deja encendida hasta que acaba el inverno, allá por marzo tengo entendido. El invento no es del todo malo si no fuera porque la durante la primera quincena de noviembre o los últimos días de marzo la temperatura no es veraniega precisamente, al menos en Pekín y el norte de China. 

Y ya para acabar, una última cosa que me llamó mucho la atención los primeros días. A pesar de que las zonas comunes de las casas están de lo más descuidadas (las paredes están sin encalar, sin ir más lejos), el sistema para encender la luz en los pisos chinos es a través de sensores de sonido.  Un caso que puede ejemplificar (de manera un poco absurda) los contrastes de China.